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viernes, 28 de junio de 2013

Meditación

La influencia de un consejo depende de quién aconseja.

Un día se encontraba un señor a eso de las once de la mañana sentado sobre una roca a la orilla de un río observando a los peces que nadaban de aquí para allá como si estuviesen jugando el juego que muchos niños juegan y al cual le llaman “el topado”. Aquello era todo un espectáculo; el río y las pequeñas piedras que se veían en el fondo del pequeño charco, los rayos del sol que se filtraban por entre los árboles, la mezcla de los sonidos del entorno, esa sensación de frío cuando una nube tapaba la claridad del sol en la cual la sombra se veía como si persiguiera a alguien entre el campo y la sensación de calidez al sol retomar protagonismo nuevamente.

Al cabo de un rato se escuchó la risa de unos niños que iban al río para tomar un baño y eligieron un charco que quedaba en la parte superior al que se encontraba el señor. Es típico que los muchachos cuando van al río no solo van a mojarse, untarse el jabón y tirarse al agua nuevamente para sacárselo, sino que disfrutan el momento y se divierten. Mientras los niños jugaban el agua empezó a ponerse turbia y así quitaban la transparencia a los charcos que quedaban más abajo. Una vez que los niños ya estaban cansados decidieron concluir el baño para luego irse a la casa, ya que tenían que alistarse para estar listos para ir a la escuela a eso de la una de la tarde.

El señor que aún se encontraba sentado en la roca mientras los niños pasaban les preguntó que si se habían divertido mucho a lo que ellos contestaron afirmativamente mientras sonreían, luego el señor añadió: niños durante sus vidas, a medida que vayan creciendo encontraran muchas cosas que les parecerán muy divertidas, pero tengan mucho cuidado porque muchas de las cosas que a muchos les parecen divertidas pueden enturbiar la vida de otros.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El recorrido



Era una vez una princesa que se extravió durante una fiesta en una zona rural un poco retirada del palacio. Ella estaba muy preocupada y asustada al ver que se había quedado sola en aquel lugar desconocido ya que los carruajes del palacio se habían ido sin notar su ausencia.  Desesperada empezó a buscar ayuda entre los lugareños, pero nadie se ofrecía a ayudarla por temor a que luego fuesen acusados de secuestradores. De pronto, se le acercó un joven lugareño quien se ofreció a llevarla de regreso al palacio. Le aclaró que aunque fuese una princesa, no se humillaría ante ella, ni soportaría sus caprichos durante el recorrido.

En el camino se presentaron varias dificultades mientras caminaban y en muchas ocasiones él actuaba indiferente, ella le preguntaba “por qué él era tan salvaje, que ella no comprendía su indiferencia ante algunas circunstancias”. Él le respondió que tampoco comprendía lo ñoña que era ella,  a lo que ella respondió que no se atreviera a tocarla bajo ninguna circunstancia, y él dijo que no le interesaba porque no era de su ambiente y no le agradaba juntarse con personas que como ella se sentían más importantes que otras. Ella iba todo el camino quejándose de por qué la llevaba a pie ya que al ser una princesa, no estaba acostumbrada a caminar mucho. Por su parte el joven se puso a cantar mientras la princesa le decía: “¡mira plebeyo te estoy hablando!”.

De repente vieron que venía un rebaño de ovejas y la princesa asustada le dijo: - oye ¿que son eso animales, me pueden hacer daño?-. Él para hacerle “la maldad” le dijo: sí, esos animales te pueden morder: cúbrete y rápidamente escaló un árbol y ella desde abajo le decía asustada: tarado ayúdame, no quiero que me muerdan. A lo que él contestó: sube por ti misma, no puedo tocarte, eso me dijiste. Ella asustada le ordenó que la subiera. Mas él contestó: wuey… a mí nadie me da órdenes así. Ella volvió a ordenarle, a lo que él hizo caso omiso. En una, las lágrimas de la princesa asustada brotaron de sus ojos y con la mirada más tierna que sin darse cuenta había puesto le dijo: por favor súbeme. Al mirar sus tiernos ojos, el joven contestó: Está bien. Sujetándola la subió al árbol, ella se aferró a él llorando, y él le dijo: hey… mantén la distancia, pero ella no lo escuchaba, temblaba de miedo. El joven había perdido a sus padres cuando era muy niño y ese abrazo le trajo tiernos recuerdos, le dijo a la princesa: hagamos un trato, no estés de mandona ni te creas la persona más importante mientras estés de camino conmigo y no permitiré que nadie se atreva a hacerte daño. Ella aceptó la propuesta y continuaron con el recorrido.

Iban en silencio, ella lo miraba y él a ella, pero no hablaban. De repente ella le dijo que tenía hambre y él le respondió que lo esperara sentada en una roca que estaba cerca del camino mientras él entraba al bosque en busca de algunas frutas. La princesa le manifestó que no quería quedarse sola y que le permitiera acompañarlo, cosa que él aceptó entrado juntos al bosque. Luego de unos minutos encontraron un árbol de naranjas,  el joven subió y cortó algunas naranjas, ella le preguntó que cómo las pelaría al no tener un cuchillo para hacerlo y él le contestó que para eso tenía las manos y así lo hizo. Mientras ella observaba y admiraba esa extraña forma de pelar las naranjas, le preguntó cómo había aprendido, a lo que él respondió que personas como él tienen que aprender a sobrevivir y a buscarse la comida como se pueda. Que no vivían la vida como ella que lo tenía todo.

Añadió que si en ese momento ella estuviera en el palacio y él fuera a visitarla sus guardas no le permitirían pasar. Ella le dijo que si la fuera a visitar le permitiría entrar. Él le exclamó: no confíes en eso, tú estás dentro del palacio, no sabes lo que pasa afuera.

Una vez traté de entrar, sólo para observar, el jardín del palacio, pero me denegaron el acceso, más como soy tenaz, me las ingenié para ingresar por otro lado. Estando ya en plena contemplación del jardín, uno de los guardas me sorprendió y sujetándome fuertemente me llevó a un calabozo con el cargo de que estaba tramando algo en contra del reino. Ahí estuve por una semana y cuando me sacaron me llevaron afuera comunicándome que no me atreviera a volver. Les contesté que no me interesaba porque todos eran unos salvajes y eso me costó el destierro, razón por la cual no aparezco en ningún listado como ciudadano de estas tierras y por ende no tengo derecho a nada.

Perdí a mis padres siendo un niño. Antes vivía maravillado de las cosas que parecen hermosas, pero me di cuenta que muchas de ellas solo son apariencias ya que su interior no coinciden con la belleza que pretenden demostrar, por esa razón no tomes a mal ni veas raro que nadie aparte de mí se hubiese ofrecido a ayudarte a llegar. Yo tuve que aprender a vivir por mí mismo y las personas humildes son las que me han echado la mano, no tengo nada contra ti, pero las personas de tu clase no me agradan. Ella en su defensa argumentó que era diferente y que no sabía nada de eso. Él le respondió: no lo sabías y si fuese por los de tu clase nunca lo hubieses sabido. Como eres una princesa te enseñan a vivir una vida sin preocupaciones y que solo veas lo bueno desde dentro del palacio. Mejor cambiemos el tema y sigamos el camino. Y así continuaron con su recorrido.

Nuevamente se hizo el silencio: solo se escuchaban sus pasos y se percibían los cruces de las miradas entre ellos. Como estaba oscureciendo tuvieron que buscar un lugar donde acampar, ella le preguntó si pasarían la noche afuera y él le contestó que no había otra manera y que tendría que buscar un lugar donde ella pudiera dormir. Él estuvo de vigilia toda la noche cuidando que nada le pasara.

Al día siguiente mientras caminaban, él un poco con sueño por no haber dormido nada se quedaba por momentos neutro y ella al darse cuenta le pidió que descansara un rato. Él le dijo que estaba bien pero ella insistió hasta que él cedió. Él le aconsejó que no se moviera de su lado para que cuando se despertare se fueran inmediatamente sin tener que andar preocupado buscándola. Ella accedió. Cuando el joven se durmió, la princesa se sentó cerca observándolo atentamente hasta que despertó. Mas tarde retomaron el camino.

En el castillo todos estaban muy preocupados y cuando uno de los guardas reconoció que el joven que acompañaba a la princesa era el mismo que había sido encarcelado tiempos atrás, lo acusó de raptar a la princesa. Antes de que lo sujetaran él le susurró: -¿ves de lo que te hablaba? - Entonces ella se adelantó apercibiendo al guarda que si lo tocaba se arrepentiría y tomando al joven de la mano se dirigió hacia su padre y le contó lo que había sucedido durante todo el camino de vuelta al palacio.

Como resultado de esta noble acción, el joven fue incluido nuevamente en los listados de la nación, pudiendo así ejercer todos derechos que le fueron negados en su pasado.

Con el tiempo la princesa renunció al cargo de futura reina recayendo esta función sobre su hermana menor. Al cabo de unos años se casó en el jardín del palacio con aquel joven con quien compartió la aventura que significó el regreso a su hogar.

martes, 3 de julio de 2012

Recuerdo

Salí por los trillos solitarios del campo sin un rumbo en específico, como si fuese un velero dirigido por el viento. Conversando con mi mente… - ¡Como cambian los tiempos! ¡Y pensar que esto antes era muy habitado! – me dije en voz baja, mientras veía el frio de la mañana reflejado en neblina.

El día había empezado a nacer y entre las montañas se escuchaba el eco de unos martillazos, como si se tratase de la construcción de un bohío.

¡Ah! ¡Ese humo de fogón que se eleva!

Cuando niño solía andar estos caminos para llevarle el desayuno a mi abuelo, que desde la madrugada se iba al conuco, sin importar si llovía o soleaba.

A veces me siento  melancólico a ver tantas cosas que me traen tantos recuerdos.

¡Ese árbol de naranjas borrachonas, del cual buscaba para llevar a la escuela!

¡Si! ¡La escuela!

¡Recuerdo lo alegre que estaba mi primer día de clases!

El cuaderno y la mochila que me compro mi padre…

Un primo fue el que me llevo a la escuela ese día.

¡Tenia clases a las una de la tarde y yo a las once de la mañana ya estaba listo!

Ese día fui al río a las nueve de la mañana para cargar agua y llenar las tinajas, aprovechando el último viaje para bañarme.

Cuando se hicieron las doce del medio día ya yo estaba preocupado porque mi primo no pasaba a buscarme…

¡Y por fin llegó mi primo a las doce y veinte!

Caminamos mucho para llegar a la escuela, pero al fin llegamos.

Al principio tuve un poco de miedo en el aula, pero mi profesora y mis compañeros me hicieron sentir a gusto. En el recreo me dedique a subir y bajar los escalones del recinto con algunos de mis nuevos compañeros. Las clases terminaron a las cinco de la tarde, recuerdo que todos salimos de la escuela formados en filas.

Mi primo me llevó de regreso a casa de mis abuelos. Ya se estaba aproximando la noche oscura.

¡Como cambian los tiempos!

Mi deseo de encontrar la razón del por qué muchos valores humanos se pierden es fuerte, pero al parecer mis esfuerzos no son suficientes.